Un efecto secundario (uno de sus muchos efectos secundarios) de la crisis es que los gurus están sueltos, y hablan, y no miden sus palabras, y no tenemos forma de callarlos.
Si hace un año aún se escuchaba a los gurus de los mercados no regulados (los mismos que aconsejaron meterse de cabeza en toda burbuja a la vista, como si ignorasen la esencia de la palabra “burbuja”), ahora tenemos que escuchar a su contrapartida, a los que nadie escucho (aunque les daban algún Nobel como premio de consuelo): los Apocalípticos.
Y, entre ellos, Krugman es el que más fuerte clama.
No sólo ha dicho que la crisis estadounidense no tiene para cuando acabar, y que el Yes, we can es inocente e inútil. Ahora, además, se pasea por España y da cátedra. El problema es que se trata de esos médicos que vienen y le dicen al enfermo terminal: “Usted se va ...