Alice se vino a España a vivir desde frío norteño de Europa para disfrutar del buen clima y crear su propia empresa. Ya había estado en el país antes, de Erasmus, por lo que había catado la fiesta lo suficiente. En cualquier caso ahora su puesto le exigía bastante dedicación, nada comparado con la ilusión de abrir un nuevo mercado para su empresa en la pujante España.
Conocía la locura de horarios que se gasta en la piel de toro sólo que anteriormente lo había disfrutado. Ahora le tocaba sufrirlo: jornadas maratonianas porque era imposible acortar la hora de la comida y su sobremesa, salidas intempestivas a cerrar reuniones y acuerdos con mesa, mantel y copas. Y acostarse tarde para, aún así, levantarse pronto con lo que su fino sentido de dormir las horas necesarias empezó a resentirse junto a su humor, alegría e ilusión.
Quizá lo peor era que cuando proponía ...


