Al final no fue el gobierno de Zapatero quien inició el debate sobre la reforma laboral. El trabajo sucio de fijar el nuevo sacrificio a entregar en aras de la macoeconomía ha correspondido a Angela Merkel, la canciller alemana que nos visitó la semana pasada para dar por buenas las medidas emprendidas por el ejecutivo español para enfrentar la crisis.
Merkel señaló, entre las cosas podría instituir para hacer mejor las cosas, “fijar los salarios a la productividad”, lo que en palabras así no parece todo lo telúrico que es en realidad: Alemania quiere que los sueldos españoles se fijen bajo un barómetro muy distinto al actual, ya no decidido por el gobierno y sindicatos tomando en cuenta la infalción, sino por las empresas y basado en ese vago concepto de la “productividad”.
Ya se escuchan las primeras voces que opinan sobre el tema, y que rechazan o piden revisar la sugerencia ...
En casi 3 años de crisis, en Estados Unidos, como en España, se perdieron 1 de cada 20 empleos. El discurso de las autoridades de aquí como las de allá es, más o menos, el mismo: la recuperación está por llegar y todos debemos poner nuestro grano de arena. La verdad, sin embargo, es muy distinta.
Cada vez son más las empresas que reportan ganancias millonarias en la crisis, a la par que siguen reduciendo sus plantillas y las prestaciones y derechos de sus trabajadores.
Una muestra: General Motors. La misma empresa que hace dos años reclamaba un rescate millonario, en lo que va del 2010 ha ganado 2.2 mil millones de dólares. Sin embargo, apenas ha producido 2 mil nuevos empleos. Un ejemplo que, a decir de los economistas norteamericanos, cunde por todo su país, donde las empresas han crecido en este último año ...