Tendemos a humanizar los mercados al igual que se cosifican los pollos para que no nos dé pena comérnoslos. Pero los mercados no tienen sentimientos por sí mismos, la bolsa no sufre porque no deja de ser un espacio real o virtual para negociar con valores. Las personas que están detrás de esas operaciones sí tienen vida y, por tanto, sensaciones, ilusiones, ambiciones y tentaciones.
Cuando damos características humanas a las cosas la realidad se desvirtúa, la responsabilidad se diluye, los beneficiarios se esconden y los perjudicados no saben a quién mirar.
Que las bolsas sigan bajando no es otra cosas que fruto de las decisiones de los agentes que en ella operan y como humanos que son también tienen sus bajezas. Cierto es que los crápulas de AIG siguen dando la matraca pero no todo el mundo depende de ese agujero negro de corrupción privada. Hay más cosas que eso y ...