Dieciséis años después y tras pequeños maquillajes que han intentado acotar el fraude más que mejorar el sistema, parece aproximarse el momento de la reforma definitiva de lo que se conoce comúnmente como módulos: el sistema de estimación objetiva para determinar los rendimientos de pequeños negocios inscritos en ciertas actividades y bajo ciertas magnitudes.
Más allá de la idoneidad del momento que se elija para cambiar o suprimir en parte este sistema, sí podemos afirmar que hasta la fecha esta modalidad fiscal ha sido bastante beneficiosa para los empresarios no sólo en términos económicos sino también en cuanto a seguridad jurídico-fiscal y simplicidad de gestión. Pero se ha convertido en un cajón de sastre donde caben desde panaderías hasta pymes de transporte o del amplio sector de la construcción que rozan las magnitudes excluyentes. Demasiada disparidad.
Desde el punto de vista de la justicia impositiva no es muy adecuado un sistema que cierra los ojos ...