En los últimos meses, parece como si “los mercados” fueran unos hijos mimados y consentidos, a los que sistemáticamente se les da todo lo que piden, por miedo a que monten una pataleta, dejen de querernos o simplemente se enfaden.
Cualquier padre desea el bien de su hijo y hace lo posible para que sea feliz. Así mismo, un buen funcionamiento de los mercados, contribuye al crecimiento económico. En ambos casos resulta lógico tratar de favorecer tanto a hijos como a mercados, incluso realizando importantes esfuerzos personales.
Pero lo que no tiene sentido es que esto degenere, de tal forma, que quien manda no es quién debería (padres o gobiernos), aquí los que mandan son los hijos y los mercados. Además lo hacen con total descaro y abusando de las flaquezas y miedos de padres y mercados.
Los mercados han sido unos niños consentidos durante unos años, se les permitía casi todo y ...