Parece últimamente que la política económica mundial, debiera realizarse en función de las necesidades o peticiones de los mercados. Los gobiernos se escudan en los mercados, para justificar sus decisiones, sin que nadie sepa a ciencia cierta que es lo que realmente quieren los mercados. Son muchos los que se erigen en portavoces de los mercados, como si tuvieran un contacto directo con ellos o conocieran realmente sus opiniones y motivaciones, pero ninguno de ellos goza de representatividad real alguna.
Sinceramente, esto me recuerda demasiado a los sumos sacerdotes o chamanes de antiguas civilizaciones, que decían tener contacto con los dioses. Los “elegidos” para hablar con el Dios de turno, contaban a sus líderes lo que supuestamente la deidad les había contado y se actuaba según sus deseos.
En base a este sistema, se sacrificaban animales o personas, se decidía si se debía hacer una guerra o como y cuando se debía ...