Isinbayeva era la mejor en salto con pértiga, no tenía rival y podría haber disfrutado de triunfos, publicidad y dinero sin excesivas molestias porque carecía de competencia. Podría haberse mantenido igual hasta que el simple e inexorable paso del tiempo le hubiera llevado hasta la retirada o quizá hasta que apareciera otra oponente de similar talento y resultados. Y escribo en pasado porque la rusa no hizo lo que seguramente a cualquiera nos hubiera tentado.
Cierto es que hizo falta la intervención de un inteligente mito, Sergey Bubka, 35 veces plusmarquista mundial de esta disciplina, para que la senda trazada cambiara radicalmente. Y es que el gran saltador se dio cuenta que Isinbayeva tenía (y tiene) talento y condiciones no sólo para ganar sino para batir marcas y llegar más arriba que ninguna. Movió sus hilos, consiguió un cambio de entrenador y la complicidad de la protagonista hizo el resto.
No es fácil “saltar” desde ...