Hay que ayudar a las pobres grandes inmobiliarias que, sorpresa, sorpresa, se han visto afectadas por la crisis de la construcción. Ya que ellos no fueron capaces de prever que ya que se estaban construyendo demasiadas viviendas a poco que las cosas fuesen mal iban a tener problemas graves, debemos ser los ciudadanos quienes corrijamos, una vez más, al mercado del que tanto han sacado los mismos que ahora mendigan al gobierno.
La mano invisible de todos prestará 3.000 millones de euros para que las inmobiliarias, que hasta ahora se han lucrado o han arriesgado sin encomendarse a nadie, saquen al mercado del alquiler las viviendas que ahora nadie compra. Esto a los mandamases del cotarro ladrillero, el G-14, le parece de maravilla claro: “favorecerá la mejor asignación de recursos” echándose en brazos de ese intervencionismo tan denostado cuando el viento les es favorable en sus propios yates navegando por el Mediaterráneo o chalaneando ...