El superávit del Estado ha bajado hasta menos de la mitad hasta abril como consecuencia del parón inmobiliario y de la factura energética. Las proyecciones además indican que se acabará el año sin “beneficios” en el mejor de los casos por que es posible que dentro de poco tengamos que enfrentarnos a la decisión de si podemos o debemos incurrir en déficit.
El problema del déficit fiscal es que obliga al Estado a financiarse mediante la emisión de deuda que genera intereses que deben pagarse por supuesto. Esto obliga, a su vez, a que parte de nuestros impuestos sirvan para pagar estas deudas y no otras cosas. Podría pensarse, por tanto, que caer en déficit es malo intrínsecamente pero debe matizarse.
En primer lugar hay que tener en cuenta que los ahorros, en forma de superávit, están para gastarse cuando es imprescindible y que si no se llega a los objetivos no ...