Los cínicos eran, cuando surgió este movimiento filosófico, personas que consideraban que la felicidad debía provenir de una forma simple de vivir y en armonía con la naturaleza, lejos de boato y oropeles. El más famoso de esta escuela de pensamiento fue Diógenes conocido no sólo por ser instructor de Alejandro Magno sino también por su frugal y austero modo de vida. Cuentan que cuando Alejandro le preguntó qué desaba a cambio de sus enseñanzas, Diógenes le pidió que se apartara porque le quitaba el sol y que, en otra ocasión, viendo este filósofo a un niño bebiendo agua directamente con las manos pensó que aún le sobraban cosas y tiró su escudilla.
Con el paso del tiempo ni de Diógenes tenemos mejor noticia que los ancianos que acumulan desperdicios ni tenemos la misma idea de lo que es un cínico más allá de alguien con una disposición a no creer ...
A mediados del siglo XIX, los granjeros del Oeste de Estados Unidos estaban enormemente endeudados con los banqueros del Este del país debido a la compra que maquinaria que, por contra, hizo que aumentara la oferta de materias primas y llevó los precios a la baja. El candidato demócrata a la presidencia de EE.UU., Bryant, propuso que se cambiara el patrón oro por el binomio oro-plata lo que permitiría imprimir más dinero y buscar un efecto inflacionista que aliviase la carga de los productores agrícolas.
La propuesta no salió adelante pero la huella de aquellos tiempos aún siguen vigentes. Los banqueros ganaron aquella batalla. Puede parecer que os acabo de contar una historia económica pero es lo que contiene la alegoría titulada El Mago de Oz. Seguid el enlace que es francamente interesante. ...
Durante años nos hemos acostumbrado a que las sucursales bancarias crecieran como hongos por pueblos y ciudades como si no tuvieran espacio suficiente para guardar tanto dinero que necesitaba ser prestado. Al calor de ello y justo al lado se acoplaban los cajeros automáticos muchas veces directamente en la calle, ocupando un espacio público que en muchos casos no era penalizado desde los ayuntamientos. Mejor que abran una sucursal que poner obstáculos pensarían muchos.
Una sentencia del Tribunal Supremo permite que los alcaldes cobren por esta cuestión, algo lógico por otra parte y más visto en comparación con que, por ejemplo, los ayuntamientos cobran incluso por obras menores realizadas en el interior de las viviendas particulares.
Este tema retrotae al síndrome del usuario gratuito, es decir, a la tendencia a sobrexplotar o malutilizar un recurso si éste no tiene precio ni existen barreras de uso o entrada. No es que los bancos fueran ...