Desde hace tiempo venimos pidiendo menos cifras, menos augurio hueco, menos brooker nervioso y más soluciones. Queríamos la propuesta definitiva para acabar con la crisis. Y ahora se han escuchado nuestros rezos. Como era de esperarse, el Verbo viene de la Asociación Española de Banca (AEB).
Primero, la AEB descarta que el sistema financiero vaya a colapsar por el peso de la desaceleración y la crisis inmobiliaria. En cambio, habla de signos positivos hacia la normalización de los mercados y sugiere centrarse en la economía real. Los signos serían “una cierta apertura” del mercado inmobiliario, en particular de las cédulas hipotecarias y la mejoría de los índices con respecto a marzo.
Hasta aquí nada que no sepamos o no esté al alcance en la prensa financiera. Pero entonces viene el salto cualitativo. La AEB sugiere una estrategia realmente innovadora: “reducir la duración de la crisis y su intensidad, con el objetivo de que disminuya la incertidumbre y aumente la confianza en el sistema financiero”.
Claro que aquí el lector, si es que no ha ido a la iglesia más cercana a prender veladoras y lanzar cantos de gratitud al Cielo por esta iluminación, podría preguntarse: “Sí, bueno, pero ¿cómo?”
La AEB lo sabe, y no teme decirlo. Las autoridades económicas deben “facilitar la liquidez de los activos bancarios y el restablecimiento de los mercados”, y los bancos por su parte “han de mejorar la transparencia, asumir las pérdidas y recapitalizarse”.
Pero si era la cosa más obvia del mundo. ¿Cómo no se nos ocurrió antes?
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