La red de redes sociales que dejo atrás a Orkut y sus competidoras, Facebook, con ingresos por publicidad de 150 millones de dólares y que le ha valido al creador de su código fuente, Mark Zuckerberg, convertirse en uno de los billionarios más jóvenes de la famosa lista de Forbes, parece condenada en su punto de mayor éxito.
La semana pasada, en un movimiento anunciado como un fortalecimiento de su estrategia de negocios, Mark Zuckerberg arrancó de Google a una de sus ejecutivas insignia, Sheryl Sandberg, vicepresidenta de ventas globales en línea y operaciones, responsable de la exitosa estrategia Adsense. La captación de Sandberg tiene como fin, según Facebook, “expandir las operaciones, ingresos y alcance internacional de la empresa”, incrementar sus ventas, negocios, políticas públicas y comunicaciones. El lugarteniente que, según los analistas, Zuckerberg ha buscado por largo tiempo. Pero la realidad parece ser muy diferente, y el fichaje sería en realidad un dique ante la tormenta que se viene.
Y es que a través de la corriente implacable de la Web 2.0. a la que Facebook debe tanto, circulan versiones que no dejan nada claro el destino de la red social.
Primero: han surgido filtraciones sobre la participación de la C.I.A. en su financiación: según un texto que se difunde y traduce en la red, buena parte de los 12 millones para el nacimiento de la star up provinieron de una filial del organismo de inteligencia como parte de un proyecto para recabar información “de todos” y realizar modelos de comportamiento y consumo sin fines específicos . Ni los X-files, vaya.
Lo segundo, y más importante: se ha generado una estampida generalizada de usuarios de la red social. El abandono masivo, que incluso tiene un video y canción, no se debe tanto al temor de lo que el Pentágono hará con las muestras sanguíneas y los datos recabados en los perfiles de los usuarios. En realidad, parece que los Facebookers han descubierto después de mil y un reenvios del Superwall del osito, luego de decenas de test sobre qué personaje de los Simpsons son, luego de morder a miles de vampiros virtuales y mandarse flores murtuamente, después de todo eso, han descubierto que Facebook no sirve para nada. Puede vender millones en publicidad, pero no sirve para nada…
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