Hay un fantasma que recorre Europa: se llama Recorte. Su existencia se sostiene por la creencia de que, ante todo, e incluso los países que aún no sufren el contagio de la Crisis griego-irlandesa deben someterse a los mismoS recortes que sumieron a esas naciones en el desempleo, la inactividad empresarial y la morosidad bancaria.
El recorte es la medida unívoca del economista moderno, es el signo ideológico de los tiempos: el Estado, los perezosos desempleados, los golosos pobres, los inmerecidos funcionarios van a comerse el superávit, y no los bancos que en su incapacidad han creado agujeros más enormes y letales que los de la capa de ozono.
Una economía lastrada, como la española, no se cura atacando a los bacilos del gasto social y a las políticas de inversión estatal, pero ese acto de “virilidad” economista cómo encanta a los que se hallan a la diestra del Banco de España.
¿Se ...